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domingo, 5 de julio de 2015

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Poeta en Nueva York_ (R 1929-1930) _(L 1940), «Adam»


     Árbol de Sangre riega la mañana 
por donde gime la recién parida. 
Su voz deja cristales en la herida 
y un gráfico de hueso en la ventana. 

     Mientras la luz que viene fija y gana 
blancas metas de fábula que olvida 
el tumulto de venas en la huida 
hacia el turbio frescor de la manzana, 

     Adam sueña en la fiebre de la arcilla 
un niño que se acerca galopando 
por el doble latir de su mejilla. 

     Pero otro Adán oscuro está soñando 
neutra luna de piedra sin semilla 
donde el niño de luz se irá quemando.


Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Poeta en Nueva York_ (R 1929-1930) (L 1940), «Paisaje con dos tumbas y un perro asirio»


Amigo,
levántate para que oigas aullar
al perro asirio.
Las tres ninfas del cáncer han estado bailando,
hijo mío.
Trajeron unas montañas de lacre rojo
y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido.
El caballo tenía un ojo en el cuello
y la luna estaba en un cielo tan frío
que tuvo que desgarrarse su monte de Venus
y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos.
Amigo,
despierta, que los montes todavía no respiran
y las hierbas de mí corazón están en otro sitio.
No importa que estés lleno de agua de mar.
Yo amé mucho tiempo a un niño
que tenía una plumilla en la lengua
y vivimos cien años dentro de un cuchillo.
Despierta.  Calla.  Escucha.  Incorpórate un poco.
El aullido
es una larga lengua morada que deja
hormigas de espanto y licor de lirios.
Ya vienen hacia la roca. ¡No alargues tus raíces!
Se acerca.  Gime.  No solloces en sueños, amigo.

¡Amigo!
Levántate para que oigas aullar
al perro asirio.

jueves, 25 de junio de 2015

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Libro de poemas_ (L 1921), «Amparo»

 

Amparo
¡qué sola estás en tu casa
vestida de blanco!
(Ecuador entre el jazmín
y el nardo).
Oyes los maravillosos
surtidores de tu patio,
y el débil trino amarillo
del canario.
Por la tarde ves temblar
los cipreses con los pájaros,
mientras bordas lentamente
letras sobre el cañamazo.
Amparo,
¡qué sola estás en tu casa,
vestida de blanco!
Amparo,
¡y qué difícil decirte:
yo te amo!

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Libro de poemas_ (L 1921), «La Lola»



Bajo el naranjo lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.
 
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
 
El agua de la acequia
iba llena de sol,
en el olivarito
cantaba un gorrión.
 
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
 
Luego, cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.
 
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!


miércoles, 25 de marzo de 2015

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _La casa de Bernarda Alba_ (R 1936) (L 1946) -Acto tercero (frag.) «¡Adela! Adela […] ¡Madre, madre!»


Martirio.- (En voz baja.) Adela. (Pausa. Avanza hasta la misma puerta. En voz alta.) ¡Adela!

(Aparece Adela. Viene un poco despeinada.) 

Adela
.- ¿Por qué me buscas?

Martirio
.- ¡Deja a ese hombre!

Adela
.- ¿Quién eres tú para decírmelo?

Martirio
.- No es ése el sitio de una mujer honrada.

Adela.- ¡Con qué ganas te has quedado de ocuparlo!

Martirio
.- (En voz alta.) Ha llegado el momento de que yo hable. Esto no puede seguir así.

Adela
.- Esto no es más que el comienzo. He tenido fuerza para adelantarme. El brío y el mérito que tú no tienes. He visto la muerte debajo de estos techos y he salido a buscar lo que era mío, lo que me pertenecía.

Martirio
.- Ese hombre sin alma vino por otra. Tú te has atravesado.

Adela
.- Vino por el dinero, pero sus ojos los puso siempre en mí.

Martirio
.- Yo no permitiré que lo arrebates. El se casará con Angustias.

Adela
.- Sabes mejor que yo que no la quiere.

Martirio
.- Lo sé.

Adela: Sabes, porque lo has visto, que me quiere a mí.

Martirio
.- (Desesperada.) Sí.

Adela
.- (Acercándose.) Me quiere a mí, me quiere a mí.

Martirio
.- Clávame un cuchillo si es tu gusto, pero no me lo digas más.

Adela
.- Por eso procuras que no vaya con él. No te importa que abrace a la que no quiere. A mí, tampoco. Ya puede estar cien años con Angustias. Pero que me abrace a mí se te hace terrible, porque tú lo quieres también, ¡lo quieres!

Martirio
.- (Dramática.) ¡Sí! Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos. ¡Sí! Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. ¡Le quiero!

Adela
.- (En un arranque, y abrazándola.) Martirio, Martirio, yo no tengo la culpa.

Martirio
.- ¡No me abraces! No quieras ablandar mis ojos. Mi sangre ya no es la tuya, y aunque quisiera verte como hermana no te miro ya más que como mujer. (La rechaza.)

Adela
.- Aquí no hay ningún remedio. La que tenga que ahogarse que se ahogue. Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.

Martirio
.- ¡No será!

Adela
.- Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.

Martirio
.- ¡Calla!

Adela
.- Sí, sí. (En voz baja.) Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana.

Martirio
.- Eso no pasará mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo.

Adela
.- No a ti, que eres débil: a un caballo encabritado soy capaz de poner de rodillas con la fuerza de mi dedo meñique.

Martirio
.- No levantes esa voz que me irrita. Tengo el corazón lleno de una fuerza tan mala, que sin quererlo yo, a mí misma me ahoga.

Adela
.- Nos enseñan a querer a las hermanas. Dios me ha debido dejar sola, en medio de la oscuridad, porque te veo como si no te hubiera visto nunca.

(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante.)

Martirio
.- ¿Dónde vas?

Adela
.- ¡Quítate de la puerta!

Martirio
.- ¡Pasa si puedes!

Adela
.- ¡Aparta! (Lucha.)

Martirio
.- (A voces.) ¡Madre, madre!

martes, 10 de marzo de 2015

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Sonetos del amor oscuro_ (L 1984), «El poeta pide a su amor que le escriba»


 

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

lunes, 9 de marzo de 2015

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Romancero gitano_ (L 1928), «Romance de la pena negra»

A José Moreno Pardo

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!