Veo y apruebo lo que me dices sobre los varios trámites por donde pasan las naciones desde su formación hasta su ruina total. Si cabe algún remedio para evitar la encadenación de cosas que han de suceder a los hombres y a sus comunidades, no creo que lo haya para prevenir los daños de la época del lujo. Este tiene demasiado atractivo para dar lugar a otra cualquiera persuasión; y así, los que nacen en semejantes eras se cansan en balde si pretenden contrarrestar la fuerza de tan furioso torrente. Un pueblo acostumbrado a delicadas mesas, blandos lechos, ropas finas, modales afeminados, conversaciones amorosas, pasatiempos frívolos, estudios dirigidos a refinar las delicias y lo restante del lujo, no es capaz de oír la voz de los que quieran demostrarle lo próximo de su ruina. Ha de precipitarse en ella como el río en el mar. Ni las leyes suntuarias, ni las ideas militares, ni los trabajos públicos, ni las guerras, ni las conquistas, ni el ejemplo de un soberano parco, austero y sobrio, bastan a resarcir el daño que se introdujo insensiblemente.Reirase semejante nación del magistrado que, queriendo resucitar las antiguas leyes y austeridad de costumbres, castigue a los que las quebranten; del filósofo que declame contra la relajación; del general que hable alguna vez de guerras; del poeta que canta los héroes de la patria. Nada de esto se entiende ni se oye; lo que se escucha con respeto y se ejecuta con general esmero, es cuanto puede completar la ruina universal. La invención de un sorbete, de un peinado, de un vestido y de un baile, es tenido por prueba matemática de los progresos del entendimiento humano. Una composición nueva de una música deliciosa, de una poesía afeminada, de un drama amoroso, se cuentan entre las invenciones más útiles del siglo. A esto reduce la nación todo el esfuerzo del entendimiento humano; a un nuevo muelle de coche, toda la matemática; a una fuente extraña y un teatro agradable, toda la física; a más olores fragantes, toda la química; a modos de hacernos más capaces de disfrutar los placeres, toda la medicina; y a romper los vínculos de parentesco, matrimonio, lealtad, amistad y amor de la patria, toda la moral y filosofía.
Un lugar común de los estudiantes de Literatura española donde publicamos una antología de textos seleccionados por nosotros mismos con el fin de aprender a conocernos mejor a través de las ideas y sentimientos de los más variados personajes que pueblan nuestro universo literario.
miércoles, 25 de marzo de 2015
José Cadalso y Vázquez (Cádiz, 1741-Gibraltar, 1782)[esp], _Cartas marruecas_ (1793), «Carta LXXXVIII de Ben-Beley a Gazel (Veo y apruebo […] la moral y la filosofía)»
Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, fray (Casdemiro, Orense, 1676-Oviedo, 1764)[esp], El duende Hudeguín
Nuestro famoso abad Juan Tritemio, en la Crónica del Monasterio Hirsaugiense, cuenta que hubo en el obispado de Hildesheim, en Sajonia, un duende celebérrimo llamado Hudeguín. Era conocido en toda la comarca, porque frecuentemente se aparecía, ya a unos, ya a otros, en traje de paisano, y otras veces hablaba y conversaba sin que le viesen; mas su residencia principal era la cocina del obispo de aquella diócesis, donde hacía con muy buena gracia todos los servicios que le encargaban, y se mostraba siempre muy oficioso con los que le trataban con agrado, pero vengativo, cruel, implacable con los que le ofendían.Sucedió que un día un muchacho de los que servían en la cocina le dijo muchas injurias. Quejose Hudeguín del agravio al jefe de cocina, par que le diese satisfacción; viendo que no se hacía caso de su queja, mató a muchacho que le había injuriado, y, dividiendo su cuerpo en trozos, los asó al fuego y esparció por la cocina. Ni aún así se satisfizo con esta crueldad su saña. Cuando había servido antes a los oficiales de la cocina, tanto los molestaba después; y no solo a estos, pero a otros muchos del palacio episcopal y de la ciudad, de modo, que parecía que aquella ofensa le había mudado enteramente la índole.
miércoles, 1 de octubre de 2014
Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760-París, 1828)[esp], _El sí de las niñas_ (1805), Acto tercero, Esc. VIII (frag.) «DOÑA FRANCISCA.- Haré lo que mi madre[…]DON DIEGO.-[…]el silencio de un esclavo»
martes, 30 de septiembre de 2014
Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760-París, 1828)[esp], _Obras dramáticas y líricas_ (1825), «Elegía a las musas»
Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760-París, 1828)[esp], _Epístola_ Epístola el filosofastro «A Claudio» (frag.)
Ayer Don Ermeguncio, aquel pedante
locuaz, declamador, a verme vino
en punto de las diez. Si de él te acuerdas,
sabrás que no tan solo es importuno,
presumido, embrollón, sino que a tantas
gracias añade la de ser goloso,
más que el perro de Filis. No te puedo
decir con cuántas indirectas frases,
tropos elegantes y floridos,
me pidió de almorzar. Cedí al encanto
de su elocuencia, y vieras conducida
del rústico gallego que me sirve,
ancha bandeja con tazón chinesco
rebosando de hirviente chocolate
(ración cumplida para tres prelados
benedictinos), y en cristal luciente
agua que serenó barro de Andújar,
tierno y sabroso pan, mucha abundancia
de leves tortas y bizcochos duros,
que toda absorben la poción süave
de Soconusco, y su dureza pierden.
No con tanto placer el lobo hambriento
mira la enferma res, que en solitario
bosque perdió el pastor; como el ayuno
huésped el don que le presento opimo.
Antes de comenzar el gran destrozo,
altos elogios hizo del fragante
aroma que la taza despedía,
del esponjoso pan, de los dorados
bollos, del plato, del mantel, del agua;
y empieza a devorar. Mas no presumas
que por eso calló; diserta y come,
engulle y grita, fatigando a un tiempo
estómago y pulmón. ¡Qué cosas dijo!
¡Cuánta doctrina acumuló, citando
vengan al caso o no, godos y etruscos!
Al fin, en ronca voz: ¡Oh, edad nefanda,
vicios abominables! ¡Oh, costumbres!
¡Oh, corrupción! Exclama; y de camino
dos tortas se tragó. ¡Que a tanto llegue
nuestra depravación, y un placer solo,
tantos afanes y dolor produzca
a la oprimida humanidad! Por este
sorbo llenamos de miseria y luto
la América infeliz, por él Europa,
la culta Europa, en el oriente usurpa
vastas regiones; porque puso en ellas
naturaleza el cinamomo ardiente;
y para que más grato el gusto adule
este licor, en duros eslabones
hace gemir al atezado pueblo,
que en África compró, simple y desnudo.
¡Oh! ¡Qué abominación! Dijo, y llorando
lágrimas de dolor, se echó de un golpe
cuanto en el hondo cangilón quedaba.
Claudio, si tú no lloras, pues la risa
llanto causa también, de mármol eres;
que es mucha erudición, celo muy puro,
mucho prurito de censura estoica
el de mi huésped; y este celo, y esta
comezón docta, es general locura
del filosofador siglo presente.
Más difíciles somos y atrevidos
que nuestros padres, más innovadores,
pero mejores no. Mucha doctrina,
poca virtud. No hay picarón tramposo,
venal, entremetido, disoluto,
infame delator, amigo falso,
que ya no ejerza autoridad censoria
en la Puerta del Sol, y allí gobierne
los estados del mundo; las costumbres,
los ritos y las leyes mude y quite.
Próculo, que se viste y calza y come
de calumniar y de mentir, publica
centones de moral. Nevio, que puso
pleito a su madre y la encerró por loca,
dice que ya la autoridad paterna
ni apoyos tiene ni vigor, y nace
la corrupción de aquí. Zenón, que trata
de no pagar a su pupila el dote,
habiéndola comido el patrimonio
que en su mano rapaz la ley le entrega,
dice que no hay justicia, y se conduele
de que la probidad es nombre vano.
Rufino, que vendió por precio infame
las gracias de su esposa, solicita
una insignia de honor. Camilo apunta
cien onzas, mil, a la mayor de espadas,
en ilustres garitos disipando
la sangre de sus pueblos infelices;
y habla de patriotismo... Claudio, todos
predican ya virtud, como el hambriento
don Ermeguncio cuando sorbe y llora...
Dichoso aquel, que la practica y calla.
Félix María de Samaniego (1745-1801)[esp], Fábulas (L 1781 y 1784), «El zagal y las ovejas»
Apacentando un joven su ganado,gritó desde la cima de un collado:“¡Favor! que viene el lobo, labradores.”Estos, abandonando sus labores,acuden prontamente,y hallan que es una chanza solamente.Vuelve a clamar, y temen la desgracia;segunda vez los burla. ¡Linda gracia!Pero ¿qué sucedió la vez tercera?Que vino en realidad la hambrienta fiera.Entonces el zagal se desgañita,y por más que patea, llora y grita,no se mueve la gente escarmentada,y el lobo le devora la manada.¡Cuántas veces resulta de un engaño,contra el engañador el mayor daño!