Aunque en ricos montoneslevantes el cautivo inútil oro;y aunque tus posesionesmejores con ajeno daño y lloro;y aunque cruel tiranooprimas la verdad, y tu avaricia,vestida en nombre vano,convierta en compra y venta la justicia;aunque engañes los ojosdel mundo a quien adoras: no por tantono nacerán abrojosagudos en tu alma; ni el espantono velará en tu lecho;ni huirás la cúita y agonía,el último despecho;ni la esperanza buena en compañíadel gozo tus umbralespenetrará jamás; ni la Meguera,con llamas infernales,con serpentino azote la alta y fieray diestra mano armada,saldrá de tu aposento sola una hora;y ni tendrás clavadala rueda, aunque más puedas, voladoradel Tiempo hambriento y crudo,que viene, con la muerte conjurado,a dejarte desnudodel oro y cuanto tienes más amado;y quedarás sumidoen males no finibles y en olvido.
Un lugar común de los estudiantes de Literatura española donde publicamos una antología de textos seleccionados por nosotros mismos con el fin de aprender a conocernos mejor a través de las ideas y sentimientos de los más variados personajes que pueblan nuestro universo literario.
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lunes, 6 de julio de 2015
Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_, Oda XVI «Contra un juez avaro»
lunes, 17 de febrero de 2014
Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_ Oda III «A Francisco Salinas» (El aire se serena...)
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
mi alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primero esclarecida.
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo ciego adora,
la belleza caduca engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es de todas la primera.
Ve cómo el gran maestro
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entrambos a porfía
mezclan una dulcísima armonía.
Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él así se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.
¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste baxo y vil sentido!
A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos, a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo demás es triste lloro.
¡Oh! Suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos.
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
mi alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primero esclarecida.
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo ciego adora,
la belleza caduca engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es de todas la primera.
Ve cómo el gran maestro
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entrambos a porfía
mezclan una dulcísima armonía.
Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él así se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.
¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste baxo y vil sentido!
A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos, a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo demás es triste lloro.
¡Oh! Suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos.
(LEÓN,
Fray Luis de: "Oda a Salinas")
Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_, Oda I «A la vida retirada» (¡Qué descansada vida...)
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal rüido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
5
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
10
No cura si la Fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
15
¿Qué presta a mi contento,
si soy del vano dedo señalado;
si en busca deste viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
20
¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh, secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
25
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
30
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso, no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
35
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
40
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
45
Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
50
Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
55
El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso rüido,
que del oro y del cetro pone olvido.
60
Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
65
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
70
A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste; y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
75
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
80
A la sombra tendido,
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
85
(LEÓN, Fray Luis de: Poesías. “Oda a la vida retirada”.)
domingo, 2 de febrero de 2014
Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_, Oda XII «A Felipe Ruiz» Oda XII «A Felipe Ruiz» (¿Qué vale cuanto vee...)
¿Qué vale
cuanto vee,
do nace y do
se pone, el sol luciente,
lo que el
Indio posee,
lo que da el
claro Oriente
con todo lo
que afana la vil gente?
El uno,
mientras cura
dejar rico
descanso a su heredero,
vive en
pobreza dura
y perdona al
dinero
y contra sí
se muestra crudo y fiero;
el otro, que
sediento
anhela al
señorío, sirve ciego
y, por subir
su asiento,
abájase a vil
ruego
y de la
libertad va haciendo entrego.
Quien de dos
claros ojos
y de un
cabello de oro se enamora,
compra con
mil enojos
una menguada
hora,
un gozo breve
que sin fin se llora.
Dichoso el
que se mide,
Felipe, y de
la vida el gozo bueno
a sí solo lo
pide,
y mira como
ajeno
aquello que
no está dentro en su seno.
Si
resplandece el día,
si Éolo su
reino turba, ensaña,
el rostro no
varía
y, si la alta
montaña
encima le
viniere, no le daña.
Bien como la
ñudosa
carrasca, en
alto risco desmochada
con hacha
poderosa,
del ser
despedazada
del hierro
torna rica y esforzada;
querrás
hundille y crece
mayor que de
primero y, si porfía
la lucha, más
florece
y firme al
suelo invía
al que por
vencedor ya se tenía.
Esento a todo
cuanto
presume la
fortuna, sosegado
está y libre
de espanto
ante el
tirano airado,
de hierro, de
crueza y fuego armado;
«El fuego dice
enciende;
aguza el hierro
crudo, rompe y llega
y, si me
hallares, prende
y da a tu
hambre ciega
su cebo
deseado, y la sosiega;
¿qué estás?
¿no ves el pecho
desnudo,
flaco, abierto? ¿Oh, no te cabe
en puño tan
estrecho
el corazón,
que sabe
cerrar cielos
y tierra con su llave?;
ahonda más
adentro;
desvuelva las
entrañas el insano
puñal;
penetra al centro;
mas es
trabajo vano,
jamás me
alcanzará tu corta mano.
Rompiste mi
cadena,
ardiendo por
prenderme: al gran consuelo
subido he por
tu pena;
ya suelto
encumbro el vuelo,
traspaso
sobre el aire, huello el cielo.»
(Fray Luis de : "Oda
a Felipe Ruiz")(
Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_, Oda XXIII «A la salida de la cárcel» (Aquí la envidia y mentira...)
Aquí la envidia y mentirame tuvieron encerrado.Dichoso el humilde estadodel sabio que se retirade aqueste mundo malvado,y con pobre mesa y casaen el campo deleitosocon sólo Dios se compasay a solas su vida pasani envidiado ni envidioso.
(Fray
Luis de León: “Oda a la salida de la cárcel”)
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