martes, 30 de junio de 2015

Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid, 1947)[esp], _Cantares_ (1905), «Andalucía» o «Cádiz, salada claridad; Granada…»

 

Cádiz, salada claridad; Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las Tres Carabelas...
y Sevilla. 

Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid, 1947)[esp], _Alma_ (1900), El reino interior, «Otoño» o «En el parque, yo solo…»


En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
...y han cerrado.

Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid, 1947)[esp], _Alma_ (1900), El reino interior, «Melancolía» o «Me siento, a veces, triste…»



Me siento, a veces, triste

como una tarde del otoño viejo;

de saudades sin nombre,

de penas melancólicas tan lleno...

Mi pensamiento, entonces,

vaga junto a las tumbas de los muertos

y en torno a los cipreses y a los sauces

que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo

de historias tristes, sin poesía... Historias

que tienen casi blancos mis cabellos.



Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid, 1947)[esp], «Poema el cantar» o «Cuando la gente ignore…»


Cuando la gente ignore
que ha estado en el papel
y el que lo cante llore
como si fuera de él.
Copla de mis amores,
cantar de mis dolores,
entonces tú serás
la copla verdadera,
la alondra mañanera,
que lejos volarás,
y en labios de cualquiera
de mí te olvidarás.

Manuel Altolaguirre (Málaga, 1905-Burgos, 1959)[esp], _Fin de un amor_ (1949), Soneto en elogio del sentimiento místico «Árboles que tenéis corteza dura...»



Árboles que tenéis corteza dura,
insensible a la yedra trepadora,
de terrestres amores defensora,
mostráis en cambio vegetal ternura

en los últimos brotes que, en la altura
del cielo, abren los labios de su flora
a la amorosa luz que en esta hora
derrama en ellos toda la hermosura.

Así los hombres tengan como escudo
una insensible piel a las bajezas
de amor que ofenden ese noble empeño

con que alcanzar la cumbre, del bien pudo
aquel que, haciendo alarde de cortezas,
abrió sus flores a un celeste dueño.

Pablo Neruda. Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, Chile, 1904-Santiago de Chile, 1973)[chl], _Veinte poemas de amor y una canción desesperada_ (1924), «Poema 12. Para mi corazón basta tu pecho»


Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
          Pájaros que dormían en tu alma.

 

Pablo Neruda. Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, Chile, 1904-Santiago de Chile, 1973)[chl], _Veinte poemas de amor y una canción desesperada_ (1924), «Poema 13. He ido marcando con cruces de fuego»

 
He ido marcando con cruces de fuego 
el atlas blanco de tu cuerpo. 
Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. 
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. 

Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, 
muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. 
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. 
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. 

Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. 
La soledad cruzada de sueño y de silencio. 
Acorralado entre el mar y la tristeza. 
Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. 

Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. 
Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido. 
Así como las redes no retienen el agua. 
Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. 
Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. 
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. 
Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. 
Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. 
Triste ternura mía, qué te haces de repente? 
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío 
mi corazón se cierra como una flor nocturna.

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561-Córdoba, 1627)[esp], _Soledades_, «Soledad primera» (versos 958-972)

 

Los árboles que el bosque habían fingido,
Umbroso Coliseo ya formando,
Despejan el ejido,
Olímpica palestra
De valientes desnudos labradores.
Llegó la desposada apenas, cuando
Feroz ardiente muestra
Hicieron dos robustos luchadores
De sus músculos, menos defendidos
Del blanco lino que del vello obscuro.
Abrazáronse, pues, los dos, y luego
—Humo anhelando el que no suda fuego—
De recíprocos nudos impedidos
Cual duros olmos de implicantes vides,
Yedra el uno es tenaz del otro muro. 

León Felipe. Felipe Camino Galicia (Tábara, Zamora, 1884-Ciudad de México, 1968)[esp], _Español del éxodo y del llanto _ (México, 1939) Del poeta maldito, «Me compraré una risa» (frag.)

(Je, je, je...
Jo, jo, jo...
Ja, ja, ja...)
Es la risa mecánica del mundo,
la risa del magazine y la pantalla,
la risa del megáfono y del jazz,
la risa sincopada de los negros,
la risa asalariada,
la risa que se alquila y que se compra...
¡Risa de almoneda y carnaval!
Risa de diez centavos o un penique,
de albayalde, de ferias y de pista,
de cabaret, de maquillaje y de boudoir.
Risa de propaganda y de ordenanza
municipal y de pregón.
La que anuncian las rotativas,
las esquinas,
las vallas,
la radio,
el celuloide y el neón
y vende en todo el mundo
la gran firma 
"Standard Smile Company",
(Je, je, je...
Ja, ja, ja...
Jo, jo, jo...)
"¡Smile, Smile, Smile!"
Ahí pasa el pregonero.
Es aquel viejo vendedor de sombras
que ahora vende sonrisas […]