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viernes, 28 de febrero de 2014

José de Espronceda y Delgado (Almendralejo, Badajoz, 1808-Madrid, 1842)[esp], _El estudiante de Salamanca_ (1840), «Primera parte» (frag.) «Bella y más pura […] hierve el veneno»



     Bella y más pura que el azul del cielo
con dulces ojos lánguidos y hermosos,
donde acaso el amor brilló entre el velo
del pudor que lo cubre candorosos;
tímida estrella que refleja el suelo
rayos de luz brillantes y dudosos,
ángel puro de amor que amor inspira,
fue la inocente y desdichada Elvira.

     Elvira, amor del estudiante un día,
tierna y feliz de su amante ufana,
cuando el placer de su corazón de abría,
como el rayo de sol rosa temprana;
del fingido amor que la mentía,
la miel falaz que de sus labios mana
bebe en su ardiente sed, el pecho ajeno
de que oculto en la miel hierve el veneno.

(ESPRONCEDA, José de: El estudiante de Salamanca)



martes, 19 de noviembre de 2013

José de Espronceda y Delgado (Almendralejo, Badajoz, 1808-Madrid, 1842)[esp], _El estudiante de Salamanca_ (1840), «Parte primera» (frag.) «Segundo don Juan Tenorio […] Félix de Montemar.»


     Segundo don Juan Tenorio
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor,
siempre el insulto en los ojos,
en los labios la ironía,
nada teme y todo fía
de su espada y su valor.

     Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja
y hoy despreciándola deja
la que ayer se le rindió.
Ni el porvenir temió nunca,
ni recuerda en lo pasado
la mujer que ha abandonado,
ni el dinero que perdió.

     No vio el fantasma entre sueños
del que mató en desafío,
ni turbó jamás su brío
recelosa previsión.
Siempre en lances y en amores,
siempre en báquicas orgías,
mezcla en palabras impías
un chiste a una maldición.

     En Salamanca famoso
por su vida y buen talante
al atrevido estudiante
le señalan entre mil;
fueros le da su osadía,
le disculpa su riqueza,
su generosa nobleza,
su hermosura varonil.

     Que su arrogancia y sus vicios,
caballeresca apostura,
agilidad y bravura
ninguno alcanza igualar;
que hasta en sus crímenes mismos,
en su impiedad y altiveza,
pone un sello de grandeza
don Félix de Montemar.

ESPRONCEDA, José de: El estudiante de Salamanca