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lunes, 17 de febrero de 2014

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-Madrid, 1681)[esp], _La vida es sueño_ (1635), jornada segunda, escena XIX (frag.) «Es verdad; pues reprimamos […] sueños son»




SEGISMUNDO.- Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

(CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro: La vida es sueño)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-Madrid, 1681)[esp], _La vida es sueño_ (1936), jornada primera, escena II (frag.) «Ay, mísero de mí, […] que yo no gocé jamás.»



  ¡Ay, mísero de mí, y ay, infelice!                                      
  Apurar cielos pretendo,
                                               ya que me tratáis así,
                                               qué delito cometí
                                               contra vosotros naciendo;
                                               aunque sí nací, ya entiendo
                                               qué delito he cometido:
                                               bastante causa ha tenido
                                               vuestra justicia y rigor,
                                               pues el delito mayor
                                               del hombre es haber nacido.

 Sólo quisiera saber 
 para apurar mis desvelos 
 (dejando a una parte, cielos, 
el delito de nacer), 
qué más os pude ofender 
para castigarme más.

¿No nacieron los demás? 
Pues si los demás nacieron, 
¿qué privilegios tuvieron 
que yo no gocé jamás?



(CALDERÓN de la BARCA, Pedro: La vida es sueño, Acto I)

martes, 4 de septiembre de 2012

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-Madrid, 1681)[esp], _El príncipe constante_ (1629), jornada segunda, escena XIV: "Soneto a las flores"


Estas que fueron pompa y alegría
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecer florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron:
en un día nacieron y expiraron,
que pasados los siglos horas fueron.