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viernes, 17 de julio de 2015

Pedro Salinas (Madrid, 1891-Boston, Estados Unidos, 1951)[esp], _Seguro azar_ (1929), «Sin voz, desnuda» (1929)


Sin armas. Ni las dulces
sonrisas, ni las llamas
rápidas de la ira.
Sin armas. Ni las aguas
de la bondad sin fondo,
ni la perfidia, corvo pico.
Nada. Sin armas. Sola.

Ceñida en tu silencio.
«Sí» y «no», «mañana» y «cuando»,
quiebran agudas puntas
de inútiles saetas
en tu silencio liso
sin derrota ni gloria.
¡Cuidado!, que te mata
-fría, invencible, eterna-
eso, lo que te guarda,
eso, lo que te salva,
el filo del silencio que tú aguzas.






Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, Alicante, 1910-Alicante, 1942)[esp], _Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)_, «Llegó con tres heridas»


Llegó con tres heridas: 
la del amor, 
la de la muerte, 
la de la vida.

Con tres heridas viene: 
la de la vida, 
la del amor, 
la de la muerte.

Con tres heridas yo: 
la de la vida, 
la de la muerte, 
la del amor.




Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, Alicante, 1910-Alicante, 1942)[esp], Poemas no incluidos en libro (II) (Entre _El rayo que no cesa_ y _Viento del pueblo_, «Me sobra corazón»

 

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,  
hoy no tengo amistad,  
hoy sólo tengo ansias  
de arrancarme de cuajo el corazón  
y ponerlo debajo de un zapato. 

Hoy reverdece aquella espina seca,  
hoy es día de llantos en mi reino,  
hoy descarga en mi pecho el desaliento  
plomo desalentado. 
No puedo con mi estrella,  
y me busco la muerte por las manos  
mirando con cariño las navajas,  
y recuerdo aquel hacha compañera,  
y pienso en los más altos campanarios  
para un salto mortal serenamente. 
Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,  
mi corazón escribiría una postrera carta,  
una carta que llevo ahí metida,  
haría un tintero de mi corazón,  
una fuente de sílabas, de adioses y relatos,  
y ahí te quedas, al mundo le diría. 
Yo nací en mala luna.  
Tengo la pena de una sola pena  
que vale más que toda la alegría. 
Un amor me ha dejado con los brazos caídos  
y no puedo tenderlos hacia más.  
¿No veis mi boca qué desengañada,  
qué inconformes mis ojos? 
Cuanto más me contemplo más me aflijo:  
cortar este dolor ¿con qué tijeras? 
Ayer, mañana, hoy  
padeciendo por todo  
mi corazón, pecera melancólica,  
penal de ruiseñores moribundos. 
Me sobra corazón. 

Hoy descorazonarme,  
yo el más descorazonado de los hombres,  
y por el más, también el más amargo. 

No sé por qué, no sé por qué ni cómo  
me perdono la vida cada día. 

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, Alicante, 1910-Alicante, 1942)[esp], _Otros poemas no incluidos en libro (I) B) Poemas varios (1933-1934_, «El silbo del dale»

 

Dale al aspa, molino,
hasta nevar el trigo.

Dale a la piedra, agua,
hasta ponerla mansa.

Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.

Dale al aire, cabrero,
hasta que silbe tierno.

Dale al cabrero, monte,
hasta dejarle inmóvil.

Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.

Dale, Dios, a mi alma,
hasta perfeccionarla.

Dale que dale, dale,
molino, piedra y aire,

cabrero, monte, astro,
dale que dale largo.

Dale que dale, Dios,
¡ay!
Hasta la perfección. 




Miguel Hernández

domingo, 5 de julio de 2015

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, Alicante, 1910-Alicante, 1942)[esp], _Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)_, «Tristes guerras»


 Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875-Collioure, Francia, 1939)[esp], _Campos de Castilla_ (1917) -CXXIII «Una noche de verano...»

 

Una noche de verano
—estaba abierto el balcón 
y la puerta de mi casa— 
la muerte en mi casa entró. 
Se fue acercando a su lecho 
—ni siquiera me miró—, 
con unos dedos muy finos, 
algo muy tenue rompió. 
Silenciosa y sin mirarme, 
la muerte otra vez pasó 
delante de mí. ¿Qué has hecho? 
La muerte no respondió. 
Mi niña quedó tranquila, 
dolido mi corazón, 
¡Ay, lo que la muerte ha roto 
era un hilo entre los dos!

Jorge Guillén (Valladolid, 1893-Málaga, 1984)[esp], En los ojos del día, «Espejo hacia un jardín»

 

Verdes casi rojos. Gritos
en el atento verano,
difíciles, en la mano,
se acumulan ya los mitos;
yo espero aquí, entre los pitos,
a la esbelta claridad.
La mentira es realidad.
No hay vaivenes. Todo el orbe,
aunque el vicio me absorbe:
irrumpe la intimidad.

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Poeta en Nueva York_ (R 1929-1930) _(L 1940), «Adam»


     Árbol de Sangre riega la mañana 
por donde gime la recién parida. 
Su voz deja cristales en la herida 
y un gráfico de hueso en la ventana. 

     Mientras la luz que viene fija y gana 
blancas metas de fábula que olvida 
el tumulto de venas en la huida 
hacia el turbio frescor de la manzana, 

     Adam sueña en la fiebre de la arcilla 
un niño que se acerca galopando 
por el doble latir de su mejilla. 

     Pero otro Adán oscuro está soñando 
neutra luna de piedra sin semilla 
donde el niño de luz se irá quemando.


Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)[esp], _Poeta en Nueva York_ (R 1929-1930) (L 1940), «Paisaje con dos tumbas y un perro asirio»


Amigo,
levántate para que oigas aullar
al perro asirio.
Las tres ninfas del cáncer han estado bailando,
hijo mío.
Trajeron unas montañas de lacre rojo
y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido.
El caballo tenía un ojo en el cuello
y la luna estaba en un cielo tan frío
que tuvo que desgarrarse su monte de Venus
y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos.
Amigo,
despierta, que los montes todavía no respiran
y las hierbas de mí corazón están en otro sitio.
No importa que estés lleno de agua de mar.
Yo amé mucho tiempo a un niño
que tenía una plumilla en la lengua
y vivimos cien años dentro de un cuchillo.
Despierta.  Calla.  Escucha.  Incorpórate un poco.
El aullido
es una larga lengua morada que deja
hormigas de espanto y licor de lirios.
Ya vienen hacia la roca. ¡No alargues tus raíces!
Se acerca.  Gime.  No solloces en sueños, amigo.

¡Amigo!
Levántate para que oigas aullar
al perro asirio.