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viernes, 17 de julio de 2015

Luis García Montero (Granada, 1958), _Completamente viernes_ (1998), «La inmortalidad»


Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

jueves, 16 de julio de 2015

León Felipe. Felipe Camino Galicia (Tábara, Zamora, 1884-Ciudad de México, 1968)[esp], _Llamadme publicano_ (1950), II. «Sé todos los cuentos»


Yo no sé muchas cosas, es verdad. 
Digo tan sólo lo que he visto. 
Y he visto: 
que la cuna del hombre la mecen con cuentos, 
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, 
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, 
que los huesos del hombre los entierran con cuentos, 
y que el miedo del hombre... 
ha inventado todos los cuentos. 
Yo no sé muchas cosas, es verdad, 
pero me han dormido con todos los cuentos... 
y sé todos los cuentos.

León Felipe

Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979)[esp], _Pido la paz y la palabra_ (1955), «En el principio»

   
Si he perdido la vida, el tiempo, todo 
lo que tiré, como un anillo, al agua, 
si he perdido la voz en la maleza, 
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo 
lo que era mío y resultó ser nada, 
si he segado las sombras en silencio, 
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro 
puro y terrible de mi patria, 
si abrí los labios hasta desgarrármelos, 
me queda la palabra.

José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-Barcelona, 1999)[esp], _Años decisivos_ (1961), «La guerra»


De pronto, el aire 
se abatió, encendido, 
cayó, como una espada, 
sobre la tierra. Oh, sí, 
recuerdo los clamores.
 
Entre el humo y la sangre, 
miré los muros 
de la patria mía, 
como ciego miré 
por todas partes, 
buscando un pecho, 
una palabra, algo 
donde esconder el llanto. 
 
Y encontré sólo muerte, 
ruina y muerte 
bajo el cielo vacío.

lunes, 6 de julio de 2015

Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979)[esp], _Poesía con nombres_ (1977), «Don Quijote y San... Ignacio»


Fundir a don Quijote y san Ignacio:
de aquel, el ideal; de este, la "actio".
Rectifico mi verso.
Unir a don Quijote y Sancho Pueblo.
Tanto monta, monta tanto
don Quijote como Sancho.

Basilio Sánchez, Para guardar el sueño. "El hombre del parque"


Despacio, día tras día,
caminábamos juntos sin sospechar apenas
que el amor que había en él nos iba dando
un lugar para siempre.

Sentados junto al fuego,
respirando del aire de las llamas,
su corazón de niño y lo sagrado
que avivaba en sus pliegues su corazón de hombre
inventaban el mundo.

Aquí, en este espacio, hemos estado todos.
Pero el agua que fluye es solo suya.

Basilio Sánchez, Para guardar el sueño. "En medio de la noche"

Solos,
reconfortados por la luna,
convencidos de nuevo de que nada
de lo que tú y yo ahora nos estamos diciendo
podría ser comprensible,
recorremos las calles,
cruzamos los umbrales, rebasamos los puentes.

Perseguimos a oscuras el rastro de una vida
que en mitad de la nuestra
se ha vuelto indiscernible.

domingo, 5 de julio de 2015

Basilio Sánchez, Para guardar el sueño. "Los años"


Cuando nos quedan sólo
el débil jaspeado de unas nubes gregarias
y el asilo del cielo,
sólo la luz naranja de las cancelaciones.

Cuando nos confiamos al orden de los sueños
y cuando compartimos la memoria
de todos los lugares que nos fueron propicios.

Cuando pasas ahora sin mojarte
bajo los arcos de la lluvia
mientras yo, envejecido, dejo caer mis manos
sobre la larga noche de las sílabas.

Cuando de nuevo a solas,
palabra con palabra y piedra a piedra
levantamos un muro contra el pájaro
que nos cuenta los días,
¿quién se desliza a oscuras por las habitaciones?
¿Quién abre los armarios? ¿Quién oculto
detrás de nuestras cosas 
va minado tus ojos, consumiendo
el tacto de tus manos?

¿Qué le importa a la muerte nuestra pequeña paz?

jueves, 25 de junio de 2015

Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979)[esp], _Poesía con nombres_ (1977), «Un lugar»


Tierra de don Quijote,
tierra roja, cegada
por el sol,
hayas
llamando a la desgracia,
yérguete, borra
la línea
que separa y separa
tus hijos.


Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979)[esp], _Poesía con nombres_ (1977), «Canción dieciséis» [Molino de viento, muele]


Molino de viento, muele 
el viento que va al molino. 
No toques a Don Quijote, 
no agravies a Sancho Panza. 
Molino de viento, muele 
el viento que viene y pasa. 
Don Quijote está tocado, 
Sancho Panza requitonto. 
Molino de viento, muele 
el viento que pasa solo. 
El viento que va al molino 
muele, molino de viento. 


lunes, 27 de enero de 2014

Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979)[esp], _Ángel fieramente humano_ (1950), «Hombre»



     Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

     Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

     Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

     Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

(OTERO, Blas de: Ángel fieramente humano, “Hombre”)

domingo, 12 de enero de 2014

Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979)[esp], _Redoble de conciencia_ (1951), «Digo vivir»




     Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

     Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso; airada-
mente morir, citar desde el estribo.

     Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

     Ahora vuelvo a ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

(OTERO, Blas de: Redoble de conciencia, “Digo vivir”)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Luis Alberto de Cuenca Prado (Madrid, 29 de diciembre de 1950)​, _Por fuertes y fronteras_ (1996) «Collige, virgo, rosas»


Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

(CUENCA, Luis Alberto de: “Collige,virgo, rosas” )