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sábado, 18 de julio de 2015

Juan de la Cruz, san. Juan de Yepes y Álvarez (Fontiveros, Ávila, 1542-Úbeda, Jaén, 1591)[esp], «Vivo sin vivir en mí…»


[Coplas de el alma que pena por ver a Dios. De el mismo autor]

 

     Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero, porque no muero.
 
                                                1 
    En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo, 
pues sin él, y sin mí quedo, 
¿este vivir qué será? 
mil muertes se me hará, 
pues mi misma vida espero, 
muriendo, porque no muero.
 
                                                2 
     Esta vida, que yo vivo 
es privación de vivir, 
y así es continuo morir, 
hasta que viva contigo:
oye mi Dios, lo que digo, 
que esta vida no la quiero, 
que muero, porque no muero.

                                                3 
Estando ausente de ti, 
¿qué vida puedo tener, 
sino muerte padecer, 
la mayor que nunca vi? 
lástima tengo de mí, 
pues de fuerte persevero, 
que muero, porque no muero.
 
                                                4 
El pez que del agua sale, 
Aún de alivio no carece, 
que la muerte que padece, 
al fin la muerte le vale;
¿qué muerte habrá que se iguale 
a mi vivir lastimero,
pues si más vivo, más muero? 

                                                5 
Cuando me empiezo aliviar 
de verte en el Sacramento, 
háceme más sentimiento, 
el no te poder gozar:
todo es para más penar, 
y mi mal es tan entero, 
que muero, porque no muero.
 
                                                6 
Y si me gozo, Señor, 
con esperanza de verte, 
en ver que puedo perderte, 
se me dobla mi dolor, 
viviendo en tanto pavor, 
y esperando, como espero, 
me muero, porque no muero.

                                                7 
Sácame de aquesta muerte, 
mi Dios, y dame la vida, 
no me tengas impedida 
en este lazo tan fuerte, 
mira que muero por verte, 
y de tal manera espero, 
que muero, porque no muero.

                                                8 
Lloraré mi muerte ya, 
y lamentaré mi vida, 
en tanto, que detenida 
por mis pecados está:
¡oh mi Dios, cuándo será, 
cuando yo diga de vero 
vivo ya, porque no muero!

viernes, 17 de julio de 2015

Juan de la Cruz, san. Juan de Yepes y Álvarez (Fontiveros, Ávila, 1542-Úbeda, Jaén, 1591)[esp], Romances sobre el evangelio. Octavo «Entonces llamó a un arcángel…»

 

[Prosigue] 

 8

Entonces llamó a un arcángel 
que San Gabriel se decía,
y enviolo a una doncella
que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía; 
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;
y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenía sólo Padre,
ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella 
él su carne recibía;
por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía.

lunes, 6 de julio de 2015

Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_, Oda XVI «Contra un juez avaro»


Aunque en ricos montones
levantes el cautivo inútil oro;
y aunque tus posesiones
mejores con ajeno daño y lloro;
y aunque cruel tirano
oprimas la verdad, y tu avaricia,
vestida en nombre vano,
convierta en compra y venta la justicia;
aunque engañes los ojos
del mundo a quien adoras: no por tanto
no nacerán abrojos
agudos en tu alma; ni el espanto
no velará en tu lecho;
ni huirás la cúita y agonía,
el último despecho;
ni la esperanza buena en compañía
del gozo tus umbrales
penetrará jamás; ni la Meguera,
con llamas infernales,
con serpentino azote la alta y fiera
y diestra mano armada,
saldrá de tu aposento sola una hora;
y ni tendrás clavada
la rueda, aunque más puedas, voladora
del Tiempo hambriento y crudo,
que viene, con la muerte conjurado,
a dejarte desnudo
del oro y cuanto tienes más amado;
y quedarás sumido
en males no finibles y en olvido.

domingo, 5 de julio de 2015

Fernando de Herrera, "Con largo passo el áspero camino"


Con largo passo el áspero camino
deste perjuro Amor seguí cuitado,
de mil vanos temores maltratado
y siempre me hallé de bien indino.

Ahora que descubro el mal contino,
de desdén y de olvido reforcado,
condeno mi desseo y mi cuidado,
la dura inclinación de mi destino.

Que bien fuera razón alcar el vuelo
con alto pensamiento y noble pecho
de la abatida suerte que he sufrido,

y no esperar que tierra y mar y cielo
supieran cuánto mal Amor me ha hecho
para quedar más preso y despedido.



Fernando de Herrera, "Yo vi a mi dulce Lumbre que esparcía"


Yo vi a mi dulce Lumbre que esparcía 
sus crespas ondas de oro al manso viento, 
y con suave y tierno movimiento 
mi duro corazón enternecía; 

mi rustiqueza y torpe rebeldía 
perdió, vencida, el obstinado intento, 
y en blando y regalado sentimiento 
trocó mi alma la aspereza mía. 

Nunca me vi más preso ni rendido, 
y nunca vi en mi Luz mayor dureza, 
ni más recio desdén mi largo olvido. 

A término tan grave y estrecheza, 
casas, mi triste suerte me ha traído, 
que temo de mi Lumbre al belleza.

HERRERA, FERNANDO DE

Gutierre de Cetina, Sonetos y madrigales completos. "Si tras de tanto mal me está guardando"

     Si tras de tanto mal me está guardado
algún bien, de que estoy tan fuera agora,
aún espero por vos cantar, señora,
con estilo más alto que he llorado.


     Entonces será el bien más estimado
por no haber de él jamás sabido un hora,
cual madre que por muerto el hijo llora
se alegra en verlo vivo así tornado.


     Entonces contaré de la tormenta,
seguro de zozobras en el puerto,
y placerame la pasada afrenta.



     Desterraré el dolor que sin concierto
me suele fatigar, do nunca sienta
nueva, ni sepa de él si es vivo o muerto.

lunes, 9 de marzo de 2015

Garcilaso de la Vega (1503-1536)[esp], Égloga I (Frag.) «Corrientes aguas puras, cristalinas»


NEMOROSO

Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.

(VEGA, Garcilaso de la: Égloga I [frag.])

jueves, 2 de octubre de 2014

Garcilaso de la Vega (1503-1536)[esp], Égloga II (frag.) «A la sombra holgando […] ayudan con su movimiento»


A la sombra holgando
d’un alto pino o robre
o d’alguna robusta y verde encina,
el ganado contando
de su manada pobre
que en la verde selva s’avecina,
plata cendrada y fina
y oro luciente y puro
bajo y vil le parece,
y tanto lo aborrece
que aun no piensa que dello está seguro,
y como está en su seso,
rehúye la cerviz del grave peso.

Convida a un dulce sueño
aquel manso rüido
del agua que la clara fuente envía,
y las aves sin dueño,
con canto no aprendido,
hinchen el aire de dulce armonía.

Háceles compañía,
a la sombra volando
y entre varios olores
gustando tiernas flores,
la solícita abeja susurrando;
los árboles, el viento
al sueño ayudan con su movimiento,


                                                                              (VEGA, Garcilaso de la: Égloga II [frag.])

lunes, 17 de febrero de 2014

Luis de León, fray (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591)[esp], _Odas_ Oda III «A Francisco Salinas» (El aire se serena...)



El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
mi alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primero esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo ciego adora,
la belleza caduca engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es de todas la primera.

Ve cómo el gran maestro
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entrambos a porfía
mezclan una dulcísima armonía.

Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él así se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.

¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste baxo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos, a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo demás es triste lloro.

¡Oh! Suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos.

(LEÓN, Fray Luis de: "Oda a Salinas") 

Garcilaso de la Vega (1503-1536)[esp], Égloga I (frag.) «El dulce lamentar […] llenas de alegría»




El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando.
[...]

SALICIO
¡Oh más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!
Estoy muriendo, y aun la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿D’un alma te desdeñas ser señora
donde siempre moraste, no pudiendo
della salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
[...]

NEMOROSO
Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.

(VEGA, Garcilaso de la: ÉGLOGA I [frag.])


Garcilaso de la Vega (1503-1536)[esp], Soneto XV «Si quejas y lamentos pueden tanto»




Si quejas y lamentos pueden tanto,
que el curso refrenaron de los ríos,
y en los diversos montes y sombríos
los árboles movieron con su canto;

si convirtieron a escuchar su llanto
las fieras tigres y peñascos fríos;
si, en fin, con menos casos que los míos
bajaron a los reinos del espanto,

¿por qué no ablandará mi trabajosa
vida, en miseria y lágrimas pasada,
un corazón conmigo endurecido?

Con más piedad debría ser escuchada
la voz del que se llora por perdido
que la del que perdió y llora otra cosa.

(VEGA, Garcilaso de la: Soneto XV, «Si quejas y lamentos pueden tanto»)