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miércoles, 1 de octubre de 2014

Arcipreste de Hita. Juan Ruiz (Alcalá de Henares, c.1284-c.1351)[esp], _Libro de buen amor_ (1330 y 1343), «De las propiedades que las dueñas chicas an»


            
            Quiérovos abreviar la mi predicaçión,
que siempre me pagué de pequeño sermón
e de dueña pequeña e de breve razón,
ca lo poco e bien dicho finca en el coraçón. [...]

            Como en chica rosa está mucha color
e en oro muy poco grand preçio e grand valor,
como en poco blasmo yace muy grand olor,
ansí en duela chica yace muy grand sabor. [...]

            Como robí pequeño tiene mucha bondad,
color, virtud e preçio e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldad,
fermosura, donaire, amor e lealtad.
color, virtud e preçio e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldad,
fermosura, donaire, amor e lealtad.
color, virtud e preçio e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldad,
fermosura, donaire, amor e lealtad.
color, virtud e preçio e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldad,
fermosura, donaire, amor e lealtad.
color, virtud e preçio e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldad,
fermosura, donaire, amor e lealtad.

                   Chica es la calandria e chica el ruiseñor,
pero más dulçe cantan que otra ave mayor:
la mujer que es chica por eso es mejor,
en doñeo es más dulçe que açúcar nin flor.

      (ARCIPRESTE DE HITA: Libro de Buen Amor)

Arcipreste de Hita. Juan Ruiz (Alcalá de Henares, c.1284-c.1351)[esp], _Libro de buen amor_ (1330-1343), «De cómo todas las cosas del mundo son vanidat, sino amar a Dios» (frag.)


Dícenos Salomón y dice verdad,
que las cosas del mundo todas son vanidad,
todas perecederas que se van con la edad;
salvo el amor de Dios, todas son liviandad. [...]
            Amor hace sutil a quien es hombre rudo;
convierte en elocuente al que antes era mudo,
quien antes fue cobarde, después todo lo pudo;
al perezoso obliga a ser presto y agudo. [...]
            Una falta le hallo al Amor poderoso
la cual a vos, señoras, descubrirla no oso;
pero no me toméis por decidor medroso,
aquí está: que el Amor es un gran mentiroso.
            Pues según os he dicho en anterior conseja,
lo torpe, con amor, a todo bien semeja.
parece cosa noble lo que vale una arveja,
lo que parece no es: aplica bien la oreja.
            Si las manzanas siempre tuvieran tal sabor
por dentro como tienen por fuera buen color,
no habría entre las plantas fruta de tal valor.
Se pudren enseguida, pero ¡dan buen olor!
            Lo mismo es el Amor; con su palabra llena
cualquier cosa que diga siempre parece buena;
no siempre es un cantar el ruido que suena,
por advertiros esto, señoras, no os dé pena.


                              (ARCIPRESTE DE HITA: Libro de Buen Amor)

Arcipreste de Hita. Juan Ruiz (Alcalá de Henares, c.1284-c.1351)[esp], _Libro de buen amor_ (1330 y 1343), «Enxiemplo del mur de Monferrado et del mur de Guadalaxara»


Mur de Guadalajara en lunes de madrugada
y fuese a Monferrado, en el mercado andaba;
un ratón de gran barba invitole a su cava,
convidóle a comer ofreciéndole un haba.
            Están en mesa pobre, buen gesto y buena cara,
si la comida es poca, en la amistad se ampara,
a los pobres manjares el placer los repara;
quedó muy satisfecho el de Guadalajara.
            La comida ya hecha, el manjar acabado,
convidó el de la villa al mur de Monferrado
para que fuese el martes a ver aquel mercado
y que, en correspondencia, fuera su convidado.
            Le recibió  en su casa y dióle mucho queso,
mucho fresco tocino que no estaba salpreso,
enjundías, pan cocido, sin medida ni peso;
así, del aldeano crecía el embeleso.
            Manteles de buen lino, una blanca talega
bien repleta de harina; el mur allí se pega;
muchas honras y obsequios le hacía su colega,
alegría y buen rostro con la comida llega.
            En la mesa, muy rica, mucha buena vianda,
a cual mejor de todo el manjar que allí anda,
y, además, el agrado que el ser huésped demanda;
solaz con mesa buena, a cualquier hombre ablanda.
            Ya comiendo y holgando, en medio del yantar,
la puerta de la estancia comenzó a resonar;
su señoría la abría, dentro quería entrar,
los ratones, de miedo, huyen al verla andar.
            El de Guadalajara va al hueco acostumbrado,
mas el huésped corría acá y allá asustado,
sin saber en qué sitio se vería amparado;
a la pared se acoge, muy quieto y arrimado.
            Cerrada ya la puerta y pasado el temor,
estaba el aldeano con fiebre u con temblor;
sosegábalo el otro, dice —”Amigo, señor,,
alégrate comiendo de todo a tu sabor.
            Este manjar es y sabe como miel.”
Contestó el aldeano:—”Veneno yace en él;
al que teme la muerte el panal sabe a hiel.
Sólo para ti es dulce; tú solo come de él.
Para quien tiene miedo no existe dulce cosa,
falta el gusto de todo con la vida azarosa
si se teme a la muerte, ni la miel es sabrosa,
toda cosa es amarga en vida peligrosa.
Prefiero roer habas, muy tranquilo y en paz,
que comer mil manjares, inquieto y sin solaz;
con miedo, lo que es dulce se convierte en agraz;
pues todo es amargura donde el miedo es voraz.
            Mas, ¿por qué me detengo aquí? Casi me maro
del miedo que pasé, porque me da el olfato
que, si al estar yo solo, hubiera entrado un gato,
me atrapa, sin duda, y me diera un mal rato.
            Tú tienes grandes cosas, pero mucha compaña,
comes muchos manjares y eso es lo que te engaña;
mejor es mi pobreza en segura cabaña,
porque el hombre mal pisa y el gato mal araña.
            Con paz y con sosiego es rica la pobreza,
para el rico medroso es pobre la riqueza,
tiene siempre recelo con miedo y con tristeza;
la pobreza gozosa es segura nobleza.”

                                   (ARCIPRESTE DE HITA: Libro de Buen Amor)

domingo, 2 de febrero de 2014

Arcipreste de Hita. Juan Ruiz (Alcalá de Henares, c.1284-c.1351)[esp], _Libro de buen amor_ (1330 y 1343), «De las propiedades que las dueñas chicas an» (frag.)




     Quiérovos abreviar la mi predicaçión,
que siempre me pagué de pequeño sermón
e de dueña pequeña e de breve razón,
ca lo poco e bien dicho finca en el coraçón. [...]

     Como en chica rosa está mucha color
e en oro muy poco grand preçio e grand valor,
como en poco blasmo yace muy grand olor,
ansí en duela chica yace muy grand sabor. [...]

     Chica es la calandria e chica el ruiseñor,
pero más dulçe cantan que otra ave mayor:
la mujer que es chica por eso es mejor,
en doñeo es más dulçe que açúcar nin flor.

(ARCIPRESTE DE HITA: Libro de Buen Amor)


jueves, 30 de enero de 2014

Arcipreste de Hita. Juan Ruiz (Alcalá de Henares, c.1284-c.1351)[esp], _Libro de buen amor_ (1330 Y 1343), «Enxiemplo del mur de Monferrado et del mur de Guadalaxara»




     Mur de Guadalajara un lunes madrugaba
y fuese a Monferrado, en el mercado andaba;
un ratón de gran barba invitole a su cava,
convidole a comer ofreciéndole un haba.

     Están en mesa pobre, buen gesto y buena cara,
si la comida es poca, en la amistad se ampara,
a los pobres manjares el placer los repara;
quedó muy satisfecho el de Guadalajara.

      La comida ya hecha, el manjar acabado,
convidó el de la villa al mur de Monferrado
para que fuese el martes a ver aquel mercado
y que, en correspondencia, fuera su convidado.

     Le recibió en su casa y diole mucho queso,
mucho fresco tocino que no estaba salpreso,
enjundias, pan cocido, sin medida ni peso;
así, del aldeano crecía el embeleso.

     Manteles de buen lino, una blanca talega
bien repleta de harina; el mur allí se pega;
muchas honras y obsequios le hacía su colega,
alegría y buen rostro con la comida llega.

     En la mesa, muy rica, mucha buena vianda,
a cual mejor de todo el manjar que allí anda,
y, además, el agrado que el ser huésped demanda;
solaz con mesa buena, a cualquier hombre ablanda.

     Ya comiendo y holgando, en medio del yantar,
la puerta de la estancia comenzó a resonar;
su señoría la abría, dentro quería entrar,
los ratones, de miedo, huyen al verla andar.

     El de Guadalajara va al hueco acostumbrado,
mas el huésped corría acá y allá asustado,
sin saber en qué sitio se vería amparado;
a la pared se acoge, muy quieto y arrimado.

     Cerrada ya la puerta y pasado el temor,
estaba el aldeano con fiebre u con temblor;
sosegábalo el otro, dice —”Amigo, señor,,
alégrate comiendo de todo a tu sabor.

     Este manjar es y sabe como miel.”
Contestó el aldeano:—”Veneno yace en él;
al que teme la muerte el panal sabe a hiel.
Sólo para ti es dulce; tú solo come de él.

     Para quien tiene miedo no existe dulce cosa,
falta el gusto de todo con la vida azarosa
si se teme a la muerte, ni la miel es sabrosa,
toda cosa es amarga en vida peligrosa.

     Prefiero roer habas, muy tranquilo y en paz,
que comer mil manjares, inquieto y sin solaz;
con miedo, lo que es dulce se convierte en agraz;
pues todo es amargura donde el miedo es voraz.

     Mas, ¿por qué me detengo aquí? Casi me mato
del miedo que pasé, porque me da el olfato
que, si al estar yo solo, hubiera entrado un gato,
me atrapa, sin duda, y me diera un mal rato.

     Tú tienes grandes cosas, pero mucha compaña,
comes muchos manjares y eso es lo que te engaña;
mejor es mi pobreza en segura cabaña,
porque el hombre mal pisa y el gato mal araña.

     Con paz y con sosiego es rica la pobreza,
para el rico medroso es pobre la riqueza,
tiene siempre recelo con miedo y con tristeza;
la pobreza gozosa es segura nobleza.”

(ARCIPRESTE DE HITA: Libro de Buen Amor)

viernes, 24 de enero de 2014

Arcipreste de Hita. Juan Ruiz (Alcalá de Henares, c.1284-c.1351)[esp], _Libro de buen amor_ (1330 y 1343), «La batalla de don Carnal y doña Cuaresma» (frag.)



El primero de todos que hirió a don Carnal
fue el puerro cuelliblanco, e hiriólo muy mal;
le hizo escupir flema, lo que es mala señal;
pensó doña Cuaresma que ya era suyo el real.

Vino luego en su ayuda la salada sardina,
e hirió muy gravemente a la gruesa gallina,
se atravesó en su pico y la ahogó muy dañina;
después, a don Carnal partió la capellina.

De parte de Valencia venían las anguilas,
saladas y curadas, en grandes manadillas;
a don Carnal le daban por entre las costillas,
las truchas del Alberche le daban en las mejillas [...]

El pulpo a los pavones no dejaba parar,
tampoco a los faisanes permitía volar,
a cabritos y gamos los intentaba ahogar;
al tener muchas manos, con muchos puede luchar.

(ARCIPRESTE DE HITA. Juan Ruiz: Libro de Buen Amor, “La batalla de don Carnal y doña Cuaresma”)