domingo, 2 de febrero de 2014

Gonzalo de Berceo (1197-1264)[esp], Milagros de nuestra señora, «Milagro XIV»



                               XIV

San Miguel de la Tumba        es un grand monesterio,
el mar lo cerca todo,         elli yaze en medio,
el logar perigloso        do sufren grand lazerio
los monges que ý viven        en essi ciminterio.
En esti monesterio        que avemos nomnado,
avié de buenos monges        buen convento provado,
altar de la Gloriosa        rico e muy onrrado,
en él rica imagen        de precio muy granado.
Estava la imagen        en su trono posada,
so fijo en sus brazos,         cosa es costumnada,
los reïs redor ella,         sedié bien compannada,
como rica reína        de Dios santificada.
Tenié rica corona        como rica reína,
de suso rica impla        en logar de cortina,
era bien entallada,         de lavor muy fina,
valié más essi pueblo        que la avié vezina.
Colgava delant ella        un buen aventadero,
en el seglar lenguage        dízenli moscadero;
de alas de pavones        lo fizo el obrero,
luzié como estrellas,         semejant de luzero.
Cadió rayo del cielo        por los graves peccados,
encendió la eglesia        de todos quatro cabos,
quemó todos los libros        e los pannos sagrados,
por pocco que los monges        que non foron quemados.
Ardieron los armarios        e todos los frontales,
las vigas, las gateras,         los cabrios, los cumbrales,
ardieron las ampollas,         cálizes e ciriales,
sufrió Dios essa cosa        como faz otras tales.
Maguer que fue el fuego        tan fuert e tan quemant,
nin plegó a la duenna        nin plegó al ifant,
nin plegó al flabello        que colgava delant,
ni li fizo de danno        un dinero pesant.
Nin ardió la imagen        nin ardió el flabello,
nin prisieron de danno        quanto val un cabello;
solamiente el fumo        non se llegó a ello,
ni'l nució más que nuzo        yo al obispo don Tello.
Continens e contetu        fue todo astragado,
tornó todo carbones,         fo todo asolado,
mas redor de la imagen,         quanto es un estado,
non fizo mal el fuego        ca non era osado.
Esto tovieron todos        por fiera maravella,
que nin fumo nin fuego        non se llegó a ella,
que sedié el flabello        más claro que estrella,
el ninno muy fermoso,         fermosa la ponzella.
El precioso miraclo        non cadió en oblido,
fue luego bien dictado,         en escripto metido;
mientre el mundo sea        será él retraído;
algún malo por ello        fo a bien combertido.
La Virgo benedicta,         reína general,
como libró su toca        de esti fuego tal,
asín libra sus siervos        del fuego perennal,
liévalos a la Gloria        do nunqua vean mal.

(BERCEO, Gonzalo de: Milagros de Nuestra Señora “Milagro XIV”)

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